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Publicado por Juanma Suárez el 25 de septiembre de 2011 - 8:40

Apenas habéis oído la mitad que yo sobre la isla Lula; y yo no he oído ni la mitad de lo que la mitad de sus habitantes cuentan sobre las cosas que allí pasan. Porque la isla Lula es un lugar fantástico, de esos que sólo existen en los cuentos y de los que los padres nunca saben explicar nada porque no se creen que pueda existir un lugar tan maravilloso y tan terrible a la vez, tan lleno de cosas extrañas que no nos deberían de parecer extrañas por muy raras que fuesen. Porque todos los habitantes de la isla Lula han vivido junto a nosotros alguna vez, hasta que dejamos de portarnos como gente civilizada y empezamos a pelearnos para conseguir el poder y la sabiduría de estos seres.

Y hay alguien que podría contaros miles de historias sobre Lula y la isla. Porque Lula era un hada que limpió la isla de piratas para que pudiesen vivir en ella todos esos personajes que nosotros nos encargamos de echar de nuestro mundo por culpa de las guerras y todas esas cosas que hacemos los hombres sin pensar que están mal.

Lula podría contaros porqué en su isla hay un gran árbol atravesado por una flecha dorada, o porqué ondea una bandera pirata con el fondo rosa justo en la playa. Yo la he oído contar esas historias, y os aseguro que nadie cuenta historias mejor que Lula. Quizás, si algún día os la encontráis por ahí, podáis decirle que os las cuente. Porque Lula aún viene de vez en cuando a nuestro mundo, claro que camuflada. Un hada vieja y gorda tiene que guardarse muy bien de los hombres, porque su agilidad y su rapidez son ya muy pequeñas y, aunque podría defenderse de cualquiera lanzándole un hechizo o convirtiéndolo en algo desagradable, ella no suele usar sus poderes en la tierra para no darse a conocer, así que se disfraza de paloma o algo parecido; o sea, que si algún día veis una paloma gorda, con pinta de vieja, de un color extraño y con unas gafas redondas sobre el pico, tal vez podáis acercaros sigilosamente a ella, saludarla a la manera de la isla de Lula y pedirle que os cuente una de esas maravillosas historias. Os puedo asegurar que será el mejor momento que paséis en toda vuestra vida.

Publicado por Juanma Suárez el 19 de septiembre de 2011 - 0:01

Había decidio dejar de arrastrarse. Toda su vida lo había hecho, casi desde que nació. La mayor parte del tiempo se sentía humillada, a ras del suelo, como por debajo de todo lo demás. Así que, aquella mañana, cuando el sol asomó sus largas pestañas por el borde del mundo, salió fuera todo lo erguida que pudo, mirando al frente, avanzando firme. Sabía que aquello le supondría mucho esfuerzo de su parte, pero había decidido no volver a arrastarse jamás.

Y así vivió el resto de sus días. Fue una lástima que nadie se percatase de ello. Al fin y al cabo, ¿quién suele prestarle atención a las orugas?

Publicado por Juanma Suárez el 17 de septiembre de 2011 - 18:22

Lo que el tío Marins guardaba en el camarote del capitán era algo que nadie sabía. A menudo se le veía salir del White Mountain de noche, acompañado de algunos muchachos ingleses que portaban cajas enormes de madera sobre sus espaldas, pero ninguno de sus marineros fue capaz nunca de averiguar qué contenían. “Sus encargos” lo llamaban.

El capitán Elías Sabogal había trabajado en aquel barco desde que era joven; incluso antes de que nacieran algunos de los marineros que ahora tenía bajo su mando. En su dilatada carrera como marino mercante nada había manchado su hoja de servicios que se mantenía, como suele decirse, inmaculada. Tal vez por esto, ahora, le permitían disfrutar de aquellos “encargos propios” que transportaba en su camarote “a escondidas”.

Transportaba frutas a algunas partes de las islas británicas en las que habían descubierto que les era más barato el transporte que él les ofrecía que el traer la fruta desde la capital o las ciudades importantes. Así que, durante aquellos años, se dedicó a hacer la vida más agradable y sana a algunos ingleses que, por lo general, no le eran muy sinpáticos. “Estos ingleses”, decía, “siempre serán unos piratas y unos bárbaros, pero en el fondo son tan simples que cualquiera con un poco de cerebro podría engañarlos”, y se reía mientras hacía anillos de humo con su pipa en la boca y su gorra de capitán calada hasta los ojos.

Aquel negocio se le ocurrió uno de los días en que tuvo que comprar tabaco inglés para su pipa. Aquello le pareció tan espantosamente malo que decidió enseñarles a aquellos isleños el verdadero sabor de un buen tabaco.

El siguiente viaje lo aprovechó para llevar algunas cajetillas de más y ofrecerlas a aquellos bárbaros que, por lo demás, quedaron muy satisfechos con aquel tabaco entre dulzón y amargo que el capitán Elías les dio a probar.

Los viajes sucesivos vieron crecer aquel intercambio cultural, como lo llamaba el tío Marins, entre los pueblerinos ingleses y él. Poco a poco fue creándose un vínculo comercial que se ampliaba a los pueblos circundantes y a algunas ciudades cercanas que habían tenido noticias de aquel tabaco dulce que un marino mercante traía junto a su cargamento quincenal de frutas.

CONTINUARÁ…

Publicado por Juanma Suárez el 12 de septiembre de 2011 - 1:41

Había pintado su cuarto de azul, había metido en cajas todos sus recuerdos, sus regalos, sus notas, sus cartas… todo lo que a lo largo de siete años había ido guardando de ella. Estaba dispuesto a cerrar, definitivamente, esa etapa de su vida. Lo llevó todo al contenedor de basura y, sin mirar atrás, lo dejó allí. Mientras volvía a casa le apesadumbró el tener la certeza de que no había otro contenedor para los corazones.

Publicado por Juanma Suárez el 19 de agosto de 2011 - 18:56

I

 

Me miran de lejos preguntándose, seguro,

qué hará un tipo tan arreglado

tumbado en el césped.

…Si supieran que las escribo,

allí, sentadas a la sombra,

vigilando a los niños en los columpios,

observándome de reojo

mientras yo las miro con descaro

escondido entre el césped y la lejanía…

Y sé que me observan desde lejos,

como todas,

porque la lejanía es un buen vínculo

que mantener con alguien

que se tumba en un césped

para escribir poemas.

 

 

 

II

 

…y al final no era a mí

a quien miraban tímidas;

no era yo quien atraía sus ojos

de admiración desbordada y contenida;

no era al tipo arreglado,

tumbado en el césped, a quien miraban:

era a un chico alto y fuerte

que hacía deporte

detrás mía,

haciéndome polvo

el primer poema.

Publicado por Juanma Suárez el 6 de agosto de 2011 - 21:17

Vuelvo a enamorarme

de mis sueños.

Y los persigo,

y me duermo,

y dormito,

y sigo en la cama

para tratar de alcanzarlos.

Pero siempre llega la mañana

con esa puñetera manía

de nuevos soles

que alumbran los sueños

y los convierten en el polvo

que cae sobre el calendario.

Publicado por Juanma Suárez el 30 de julio de 2011 - 22:19

Si algún día te cruzas con una mujer pequeña, regordeta, de amplia sonrisa y con un gran botón en la cabeza sujetándole un moño pequeñito y redondo, puedes tener la seguridad de que te has cruzado con la tía Lula.

Muchos, cuando la ven, no ven más que a una ancianita adorable, con unos vestidos de colores muy llamativos y que siempre camina como flotando, a pasos cortitos. Pero la tía Lula es mucho más que una abuelita simpática. La tía Lula es…, bueno, lo iréis descubriendo a medida que os cuente esta historia.

Seguramente os preguntaréis quién soy yo. Bien, me llamo Sallie, la salamandra. Algunos de vosotros pensaréis “¿y cómo puede contar una historia una salamandra?” Hay muchas cosas maravillosas en esta historia, y yo sólo soy una pequeña muestra.

Por supuesto, la tía Lula cuenta unas historias geniales, y nadie las cuenta mejor que ella, pero ésta no os la contaría jamás porque ella misma es su protagonista y nunca le ha gustado darse importancia, aunque os puedo asegurar que es muy importante; mucho más de lo que ella misma quiere reconocer.

Publicado por Juanma Suárez el 18 de julio de 2011 - 23:58

Puedo escribir los versos más tristes esta noche,
así que colgaré la pluma
hasta mañana.

Publicado por Juanma Suárez el 17 de julio de 2011 - 18:42

Bendita enfermedad que te devuelve a la infancia.

A los cuidados maternos y las preguntas dulces;
a la leche caliente con galletas
que te mira desde la mesita de noche
mientras el humo se pierde
por entre las moscas;
a las manos suaves en la frente
que apartan los dolores de cabeza;
a las comidas perezosas
y los zumos de naranja;
a los caprichos olvidados
hace tiempo en la cocina…
a las sábanas limpias,
a las visitas…

Bendita infancia cuando vuelve
aunque sea envuelta
en fiebres y calenturas.

 

*Siempre le he tenido un especial cariño a estos versos que escribí hace unos 15 años durante un resfriado que me tuvo en cama algunos días.
Publicado por Juanma Suárez el - 0:45

Todos los niños vienen al mundo con un pan debajo del brazo, pero Adán Cazcaleo fue distinto.

Cuando Adán nació la matrona no pudo cobrar sus honorarios, porque nadie pudo ver dónde llevaba el neonato la pieza de pan. Tan sólo tenía un bultito debajo del brazo que no quisieron extirparle, por si acaso…

Por aquella época la fama de Davinia, la bruja, ya se había extendido por todo el continente, y un halo de misterio rodeaba todo lo que concernía a su vida…, y a su muerte. Porque nadie había podido certificar que Davinia hubiese muerto.

 

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