Te persigo…

Te persigo…

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Te persigo sin remedio
y te me escurres del tiempo,
por entre los dedos que lastiman
tu alma de poema.

Porque soy un verso suelto
sin rima ni sentido,
buscando algún autor
que nunca llega.

Y me ciegan oropeles y bordados,
ese verbo aséptico que adorna
cada trampa que le tiendes a mi alma.

Y ahora sé que tras las rimas siempre hay barro,
que un poema tiene pies de plomo y llanto;
que si el barro se endurece entre las alas
no hay poeta que me libre del Averno.